sábado, marzo 09, 2013

A nadie le duele


ALERTA: Voy a ser escatológica y prosaica, pues la anécdota lo requiere.

Estos días he tratado de no hacer ningún comentario, de ningún tipo, a nadie que pudiera, o no, identificarse con los sucesos que alteran nuestra historia por estos días.

He ignorado a mis amigos y familiares llorando y dándose golpes de pecho por alguien que, consideran, les dio hasta "la vida", aun a razón de quitarse ellos mismos el mérito de sobrevivir en un país como el nuestro; quitarle el deber al Estado de darles salud, educación y beneficios gratuitos y considerarlos un favor y una dádiva del reciente fallecido.

He ignorado a mis amigos y familiares celebrando y burlándose de la muerte de una figura pública que, a pesar de que les hizo daño personal, no deja de ser una persona que tuvo que pasar una de las enfermedades actuales más atroces. Una enfermedad que hace que tu cuerpo sea enemigo de sí mismo.

Pero anoche, mientras juramentaban al Delfín, una cacerola sonó en una ventana de un edificio cercano y la respuesta fue un rosario de disparos de una pistola automática, seguido de aullidos llenos de ira “¡Mamaguevo! ¡Maldito! ¡Chávez vive!”.

Si bien es cierto que los balazos no callaron el ruido constante de la cacerola, hicieron muy bien su trabajo disuasorio de no permitir que nadie más tocara su olla. El riesgo de perder la vida, bien puede sobre el riesgo de perder la Voz.

No me cansaré de decirlo: nuestro problema no es de forma (la estructura, el gobierno, los gobernantes, el oficialista, el opositor, los corruptos, etc…), es de FONDO.

Somos tú y yo.

La falta de valores, la falta de ética, el irrespeto a las leyes, el conformismo, la mentalidad de masa o rebaño, el egoísmo generalizado y, lo peor, la falta de identidad nacional; el amor a la Patria.

Y es que amar a la Patria no es sólo lo que el difunto vociferaba. Amar a la Patria es educarte para el futuro a largo plazo; para sembrar la semilla que recogerán tus nietos. Amar a la Patria es tan sencillo como no botar basura en la calle, pues esa acera también es tu casa.

Y, hasta que esto no cambie, todos seremos unos malditos mamaguevos, pues todos sufrimos del mismo mal.

COMENTARIO: Porque nunca es lo que dices, sino cómo lo dices

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