
Logré conseguir un vagón donde poder ir sentada en el metro; me esperaban 11 estaciones – de extremo a extremo de la línea– para meditar, leer, escribir o dedicarme a lo que se hace la mayoría en el metro: dormir.
Opté por esto último porque realmente era un estado de duermevela y no uno de esos sueños de boca abierta y baba en la comisura de la boca.
En la siguiente estación entraron 4 muchachas al vagón. No tendrían más de veinte años y, para quienes se están adelantando al cuento, no, no nos robaron. Simplemente empezaron a “echarse los cuentos”
Y aquí es cuando empieza el cuento de horror a dos voces:
– No, Mariks, el otro día estábamos en la escalera para entrar al barrio y de repente comenzó una balacera.
– Eran pistolas automáticas, seguro, porque sonaba ratatatatatata
– En ese momento nosotras dos nos lanzamos por debajo de la escalera, pero Fulanito y Menganito se quedaron arriba.
– En eso llegaron los Karajs, y entre ellos había una tipa, ¡Imagínate, hasta las tipas andan enhierradas ahora!
– Y bueno, iban a atracar a Fulanito y Menganito
– A nosotras no nos vieron.
– Uno de los Karajs le puso la pistola en la frente a Menganito y Menganito se la quitó, así burda de arriesgado.
– El malandro se arrechó, le gritó a Menganito y disparó, con la mala suerte que la bala le dio en la cabeza a Fulanito, porque a Menganito le dio tiempo de agacharse.
– Mariks, al día siguiente había sangre por todos lados.
– Menganito tuvo que irse del barrio porque lo tenían amenazado de que si hablaba lo mataban.
Inmediatamente después empezaron a hablar de otras cosas. Cosas banales que tenían la misma entonación de tertulia que el cuento de Menganito y Fulanito en las escaleras del barrio.
Se bajaron en una de las estaciones que atraviesan una zona de bajos recursos conversando sobre la amiga que era desinhibida y ahora forma parte de los Testigos de Jehová.
Yo ya no podía “echar mi sueñito”. El estado de duermevela se había convertido en un estado de alerta; ¿quién puede dormir sabiendo que la muerte de Fulanito es una de las tantas del montón que enlutan a cientos de familiares todos los fines de semana?
Fulanito es, simplemente, un fulanito más para quienes le dieron muerte. Fulanito es la cama que no se volverá a llenar en las noches en su casa. Fulanito es el número de celular que su madre no volverá a marcar jamás.
Fulanito es eso: un fulanito más en las estadísticas de ingresos en la morgue del Ministerio del “Poder Popular” para el Interior y “Justicia”, CICPC y TSJ.
Lástima también para las dos muchachas que, ya desde hace mucho, tuvieron que asimilar ese cuento de horror como parte natural de su día a día.


Nos estamos matando, y en lugar de hacer algo para acabar con esta guerra, nos estamos acostumbrando a ella.
ResponderBorrar